Cartas Celestes

el mapa de mi universo

Lisboa: Luz y fados. 20 Noviembre 2009

Archivado en: aventuras intergalácticas, constelaciones — Sand @ 0:12

 

A pesar de que ya hace unos cuantos días que la realidad me aterrizó en Madrid. A pesar de que Lisboa ya sólo es un bonito recuerdo (y de tener la sensación de que aquello fue hace un par de meses, y no hace un par de semanas)… Y aceptando el riesgo de convertirme en una auténtica cansina, después de estar dos semanas contando lo maravillosa que es la ciudad. No puedo pasar de largo dos cosas en las que siempre, siempre, siempre me fijo cuando voy a una ciudad.

 

En mi manera particular de clasificar los sitios que visito, lo primero de todo es hacer dos grandes divisiones, las ciudades que me gustan como turista, y las ciudades en las que no me importaría vivir una temporada (o lugares habitables, como les llamo la mayor parte del tiempo). Desde el instante en que puse los pies en Lisboa, supe que ésta iba directa al saco de las habitables.

 

Después de eso, les añado dos adjetivos. Su luz y sus sonidos. Cada ciudad tiene una luz diferente. Cada ciudad tiene un sonido característico. La mayoría también tiene un sabor, pero eso es alterable, y casi siempre termina siendo algo dulce.

 

La luz de Lisboa es increible. La bruma que rodea al Tejo, más abundante cuando te acercas a Belém, y te encaminas hacia el Atlántico. El sol brilla (o al menos lo hizo los días que estuvimos, a pesar de mojarnos en algún que otro momento). El atardecer hace que cielo y tierra se unan. El río tiene una luminosidad especial, refleja el sol, y junto a él, las nubes blancas de algodón y el cielo azul.

 

 

En cuanto a los sonidos. Lisboa no suena a fado, aunque así pueda parecerlo. Lisboa ES fado. Porque la saudade que surge de sus calles, sus casas, sus aceras, eso es de lo que habla un fado. Lisboa suena a gaviotas. A olas. Y al idioma mais bonito do mundo. Ahora, Lisboa también me suena a discos, los de Donna Maria y Mafalda Veiga & João Pedro Pais que compré en una FNAC (y que encontraréis en mis constaleciones)

 

Prometo que éste es el último post que hago sobre el viaje a Lisboa…

 

Ai Lisboa estendida sobre o rio (III) 15 Noviembre 2009

Archivado en: aventuras intergalácticas — Sand @ 22:47

 

Domingo, 8 de noviembre de 2009

Suena el despertador… Noooooo… Ducha caliente. Con resbalón y moradura incluidos en el lote (esa bañera es un peligro). La tele en portugués es horrible. Domingo, a estas horas, y ni un sólo dibujo animado… ¡¡pobres niños portugueses!!  Desayuno fuera de hora. Definitivamente, la familia que regenta el hostel son un amor.

 

Nuestro destino hoy… Belém. Visita a la casa de la suerte (que es como llaman a los estancos) para comprar un abono de transporte por un día. De allí, al tranvía. Lleno de españolitos camino de Belém. Por una extraña avería (que no le impidió seguir su camino como si nada) tenemos que bajar una parada antes. Pero no nos importa, vamos caminando. Llegar a Belém y empezar a llover es todo uno. Saca el paraguas. Deja de llover. Esconde el paraguas. Vuelve a llover. Vuelve a sacar el paraguas. Otra vez deja de llover. Otra vez guardas el paraguas… Y así podría seguir hasta mañana, porque el proceso se repetía cada diez minutos. Paseo junto al Tejo. Inmenso. Precioso. Las gaviotas revolotean sobre nuestras cabezas. El monumento a los descubridores es inmenso. El puente del 25 de abril, una vez más en el horizonte. La torre de Belém, vigilante, mirando al océano que se abre frente a ella. Desde cada una de sus ventanas, la vista es mejor que desde la anterior.

 

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Monumento a los Descubrimientos

 

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Torre de Belém

 

Y después, el monasterio de los Jerónimos. Tan calmo. Tan elegante. Tan bonito. El sonido del agua, el claustro, y el cielo azul. Parada técnica para comer. Una media hora esperando en la fila. Pero vale la pena. El Bife a la portuguesa estaba para chuparse los dedos. Y después, Pastais de Belém… ¡¡Qué rico!! ¡¡Qué bueno!! De allí, en bus, volvemos al centro. Y desde allí, un metro al Campo de las Naciones, a ver los restos de la Expo. ¡Qué coincidencia! Hay un concierto de Rammstein. Unos energúmenos alemanes en el metro nos lo recuerdan. Todo lleno  de gente. De noche no se ve gran cosa. Cuatro edificios, y unas aceras preciosas. Vuelta a casa, paramos en Cais de Sodré para tomar un ferry que nos lleve hasta la otra orilla del Tejo. Lástima que sea de noche, porque si no, nos arriesgaríamos a llegar hasta el Cristo Rey. Pero no. Damos media vuelta y volvemos en el siguiente barco. Nos sentimos como auténticas lisboetas, después de tomar tantos medios de transporte diferentes. Pero no nos engañemos. Somos las únicas que se asoman por la ventana cámara en mano para captar esa tranquilidad que transmite la ciudad iluminada al otro lado del río. Paz. Mucha paz. Se respira el océano. Se siente la saudade.

 

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Tejo

 

De regreso y tras un intento fallido de tomar el elevador al Bairro Alto (estaba en obras), volvemos, subiendo escaleras una vez más, a nuestra Rua Atalaia, para despedirnos de ella como se merece. Cena a base de bacalao a Brás (delicioso), vino verde y helado de nata con chocolate caliente. De regreso a casa, la luna nos ofrece su mejor cara, envuelta en nubes, se queda a dormir sobre el Castelho de São Jorge…

 

Lunes, 9 de noviembre de 2009

 

Despertador, otra vez… ¡no me quiero irrrr! Contemplo desde el balcón nuestra futura casa. Si, en nuestras mentes ya está reformada, con tres estudios maravillosos, un jardín tranquilo lleno de flores y fados en las ventanas… Un pequeño paseo por la Avenida de Liberdadores nos despide con un día soleado y templado. Maletas. Autobús. Aeropuerto. Líos en el embarque (para variar). Los alemanes locos en el avión (debían seguir a Rammstein por toda Europa). Cambio de hora. Llega a casa. Come deprisa. Corriendo a la universidad. Vuelta a la realidad… Pero eso, eso es otra historia…

 

Até breve, Lisboa!

 

Ai Lisboa estendida sobre o rio (II) 13 Noviembre 2009

Archivado en: aventuras intergalácticas — Sand @ 0:23

 

Sábado, 7 de noviembre de 2009

 

El despertador suena a las 8.00. Una ducha caliente. ¡Qué buen día hace! Las vistas desde nuestro balcón son realmente preciosas. Vegetación, palmeras, casitas rosas en lo alto de una colina. Y una calle que me recuerda a la calle Alfonso de Zargoza. Con sus adornos navideños ya preparados, y todo. Desayuno en el hostel, y a perdernos por Lisboa.

 

Guía en mano, nuestra primera parada está al lado de casa. La Iglesia de São Domingos, un lugar donde se celebraron bodas reales y coronaciones, construida sobre las ruinas de un convento. Su nave se quemó por completo en 1959. Y así se quedó. Con la boca abierta paseamos viendo los techos negros, las columnas rotas… Y la gente rezando.

 

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Iglesia de São Domingos

 

Desde la Praça Dom Pedro IV (o Rossio) nos vamos directas al ascensor de Santa Justa. Las cabinas de madera, de principios del siglo XX, son una joya. Las vistas, preciosas. Rua Augusta, incluida una sesión de fotos con unos Beattles gigantes. Llegamos a la Praça do Comercio. Una pena que estuviera en obras (otra excusa más para volver a esta ciudad). Intentando llegar a la orilla del río, nos colamos entre las vallas… Hasta que un obrero nos echa con cara de muy pocos amigos.

 

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Ascensor de Santa Justa

 

Paseo por la Baixa, nos acercamos a la Moureria. Ese barrio que ni siquiera los lisboetas conocen. Calles estrechas. Empinadas. Escaleras. Y caminos poco recomendables. Finalmente, llegamos a N.Sra. de Graça. Otro mirador. Otra vez, unas vistas increibles. Volvemos a bajar cuestas. Yo ya no siento las piernas. A las 12.00, el gusanillo ya empieza a picarnos. Decidimos tomar un pequeño piscolabis antes de entrar en el Castelho de São Jorge.

 

El descubrimiento del día. Un pequeño restaurante muy pizpireto. Sólo tiene cuatro mesas, cada silla es de una forma distinta, pero todas pintadas de morado. La decoración es acogedora. Aunque está vacío, nos cautiva. La cocinera (portuguesa) y su marido (francés) no sólo ofrecen una comida de muy buena calidad, sino que además son muy agradables. En una mezcla de francés, español, portugués e inglés, nos sirven dos zumos de naranja recién exprimidos, un té caliente y un trozo de torta de pollo. Un lugar único por su trato y encanto. ¡¡Y encima está super bien de precio!!

 

Tras reponer fuerzas, subimos al Castelho. Le tengo un cariño especial a San Jorge. Para algo es el patrón de Aragón. El castillo es precioso. Otra vez, las vistas de una ciudad que mira al Tejo. Es lo que tiene ser la ciudad de las siete colinas. Vayas dondes vayas, siempre tienes que subir, pero la recompensa son unas vistas ASOMBROSAS. Vuelta a bajar. Vamos a comer. Pescadito con arroz.

 

Visita a la Catedral. No sé por qué, sus dos torres, me recuerdan a la Seo de Lleida. De allí, a Santo António… Como tres buenas solteras, hay que rezar por un novio… Mucho trabajo tiene este Santo António, que nosotras somos chicas exigentes y no nos conformamos con cualquier cosa…

 

Siguiente parada: Alfama. Calles estrechas. Ropa tendida en todas las ventanas (a veces puedes hasta tocar las sábanas de flores). Sube. Baja. Vuelve a subir. Vuelve a bajar. ¡cómo me duelen las piernas! Buscamos y rebuscamos la primera fuente pública de la ciudad. Chafariz de El-Rei. Al final, cuando ya la dábamos por perdida, la encontramos (no estaba en una calleja, no, estaba bien visible en una calle “principal”). Atardecer junto al río. Maceteros multicolores con asientos biplaza. Gaviotas volando. Y el sol marchándose tras el Tejo. Calma y relax. De vuelta a la Praça Rossio, atravesando Chiado, merienda en la Pastelería Suissa. Rico, rico.

 

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Chafariz de El-Rei

 

Suceso: La pérdida del DNI. Una de mis acompañantes, creyó haber perdido su DNI. Pánico generalizado. Ponemos patas arriba la habitación. Bajamos a recepción. Menos mal que el señor que nos atiende es la amabilidad en persona. Llamadas a la Embajada… no sé por qué no me extraña que, incluso el teléfono de emergencia, sólo esté operativo entre semana (de lunes a viernes) y por las mañanas… Resignación. Volvemos a la habitación. Volvemos a buscar… Encuentro el DNI… ¡¡¡EN SU MONEDERO!!!  En fin, somos unas peliculeras. Ya la veíamos cruzando la frontera en los bajos de un camión

 

Recuperado el DNI, ¡¡aún queda la noche!! Cena auténticamente lisboeta, con guía incluido, en mitad de Chiado. Espetada de ternera y piña. Mojitos en la Rua Atalaia, nuestra Rua… Conversaciones en inglés. Filosofía de vida. Terminando bajo el puente del 25 de Abril, en una discoteca con sesión Ladies Nigth y repleta de clones de Cristiano Ronaldo. La misma cara de chulo-playa, la misma ropa hortera, incluidas las cadenas de oro colgando del cuello… Llegamos a casa sobre las 5.00. Desmaquillante expres y a dormir.

 

Ai Lisboa estendida sobre o rio (I) 11 Noviembre 2009

Archivado en: aventuras intergalácticas — Sand @ 23:54

 

Salí de la universidad a la 13.00.

A las 14.15 estaba en Atocha.

A las 15.10 en el aeropuerto.

A las 16.30 nos sentamos en el avión.

A las 17.15 (y tras una “passenger discrepancy”) despegamos.

Llegamos a Lisboa a las 17.20, hora local.

Este pequeño viaje en el tiempo no fue suficiente para mentalizarnos (yo y mis dos acompañantes de lujo).

Estábamos en Lisboa, y no nos lo creíamos…

Aquí comienza el relato de un viaje de casi tres días que pareció una semana.

Un break en toda regla.

Desconexión total…

Y después, vuelta a empezar (el mismo estrés, otra mentalidad).

 

Viernes, 6 de noviembre :

 

Llegamos a Lisboa sin problemas. No overbooking. En el aeropuerto tomamos un autobús hacia la Praça dos Restauradores. Allí cerca está nuestro hostel: Pensão Residencial Portuense. Aunque teníamos nuestras reservas (porque no todo suele ser tan bonito como aparece en internet, y el precio era bastante bueno) el lugar nos gusta mucho. La habitación está bien. ¡¡Y tenemos tele!! Las vistas son increibles. Aunque ya a las 18.00 es noche cerrada. Es lo que tiene el cambio de hora.

 

El primer reto es encontrar un lugar donde comprar espuma para el pelo. Ya sabéis, los dichosos líquidos en las maletas. Tras pasear por un centro comercial que bien podría haber sido Grancasa o Isla Azul, nos dirigimos a un supermercado tipo Mercadona… Pingo doce. Momentazo número 1 del viaje: Confundimos a un señor con camisa de rayas blancas y verdes (uniforme de una pastelería) con un encargado de la tienda… Y en un perfecto castellano, le preguntamos si nos puede vender la espuma. La cara que puso el hombrecillo no tuvo precio.

 

Conseguida la espuma, nos damos un volteo. Sube y sube escaleras y cuestas, hasta llegar al Bairro Alto. Cena a base de pescado fresco. Paseo por la Rua Atalaia. Caipirinha en un bar con velas en las mesas y música en directo… ¡Esto es paz!

 

DESCUBRIMIENTO 1: Los portugueses entienden perfectamente el castellano, pero nosotras no pillamos ni una palabra del idioma mais bonito do mundo (al menos eso decían en la Escuela de Idiomas de Zaragoza).
DESCUBRIMIENTO 2: Calleron los falsos mitos de nuestros vecinos. Ni todos los portugueses son feos, ni todas las portuguesas son bigotudas…

 

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Vistas del Castelho de São Jorge desde una calleja del Bairro Alto

 

Lisboa espera 5 Noviembre 2009

Archivado en: aventuras intergalácticas — Sand @ 23:30

La idea surgió como un arrebato en plena depresión post-vacacional, y ni siquiera era la mía, porque yo todavía estaba disfrutando de mi familia cuando compramos los billetes. Ahora, casi dos meses y medio después, todavía no me creo que mañana a estas horas estaré paseando por las calles de Lisboa.

 

El estrés de las últimas semanas ha provocado que la preparación del viaje haya sido casi nulo. Una guía de viaje y algunos consejos de amigos van en la maleta, apretujadas entre los botecitos de menos de 100ml y la cámara de fotos.

 

Tres amigas en Lisboa (y sin hablar una sola palabra de portugués). Crónicas viajeras, fotos y más historias, el martes a la vuelta.