Las series de TV y yo siempre hemos tenido una relación extraña. Digamos, claramente, que soy una perezosa. Me encantaba la época en que la televisión sólo se veía por televisión. Y si te lo perdías, te lo habías perdido. Y ya está. No había marcha atrás. (Aún recuerdo el trauma que pillé cuando me enteré que David el Gnomo se convertía en árbol en el último capítulo, y yo no lo había visto).
Ahora, eso no es así. Ahora aparecen en cada temporada, nuevas series de culto. Algunas, duran y duran… como las pilas del conejito, otras, son efímeras, porque, a fin de cuentas, la audiencia gana. Pero todas están en internet. (Ya sea a través de la web de las cadenas que las televisan, ya sea a través de descargas). Y yo, soy una perezosa de cuidado.
No suelo engancharme a ninguna serie, porque luego, se me olvida ver algún capítulo, o incluso viendo los capítulos anteriores, se me olvida todo lo que ha pasado, y no me entero de nada. Me quedo más colgada que un chorizo. Mi memoria es como la de Dori, pero eso es otro cantar.
Pero quizás eso haya cambiado…
Ahora, resulta que todos los lunes veo El internado. Y eso que cuando termina un capítulo, me prometo a mí misma que no seguiré viéndola, que están dando vueltas a la madeja sin llegar a ninguna parte y asesinando a mis personajes favoritos… Como sigan así, al final ganarán los malos (y eso no me gusta). Pero no sólo eso, sino que además, todos los jueves, veo Águila Roja. Me encanta esta serie. Me encanta el protagonista, también. Pero me enamoran los trajes del siglo de oro (tomo ideas para los trajes de la fiesta del Comendador de mi pueblo). Y además, ahora que no tiene publicidad, es todavía más genial. Dura 80 minutos, y termina prontito para ir a la cama y no morirte de sueño al día siguiente.
Bueno, quizás, hasta aquí, todo normal. Sigo en mi dinámica infantil de ver lo echan en la tele, sin cuestionarlo (aunque he de reconocer, que algún capítulo he visto por internet, sobre todo en la época de trabajos). Pero es que ahora me estoy enganchando a otras series.
Comencé con Héroes. Pero la dejé al empezar la tercera temporada. No me gustaba que los malos se volvieran buenos, y todavía menos que los buenos fueran malos… A veces creo que los giros de los guionistas para captar la atención de las audiencias, son demasiado complicados.
Hace unos meses, me puse con Flashforward. Que mi hermana y mi madre se engancharan desde el primer momento me impulsó. Pero yo, más chula que un ocho, no podía esperar a ver la versión de Cuatro en castellano. Así que me las apañaba para ir adelantada, y ver la versión yanki.
Ahora, además, con la excusa de que me viene bien verlo en versión original, estoy haciendo un maratón de Friends (5 capítulos en dos días, llevo). Y para colmo de males (si, este cuelgue serial me parece un mal, pero de los irremediables y placenteros) ha vuelto Lost. Y no, yo nunca había visto Lost. Ni cinco minutos. Pero tengo unos amigos muy majos que están enganchadísimos y que decidieron cambiar mi sesión de cine de los viernes (que ya se ha convertido en toda una institución) por un visionado en equipo de los primeros episodios de la nueva temporada. Y yo, que pensaba que iba a estar más perdida que los de la isla, me tragué un episodio resúmen de 40 minutos, para ponerme al día (ni cerré los ojos en esos 40 minutos, parecía un trailer eterno… casi me quedo sin cena). Y después, como una campeona, me vi los dos primeros episodios de la sexta temporada. Y me colgué. Y ahora quiero verlo todo, pero tranquilamente desde el principio…
Eso si, sigo siendo una gran perezosa. La maratón de Friends es cortesía de una compañera de Laboratorio. El cuelgue por Lost no será posible si mis amigos lost-adictos no me pasan las temporadas anteriores. Puedo hacer un esfuerzo semanal con Flashforward, cuando vuelva del parón (porque sé que si me da pereza, siempre puedo re-engancharme en Cuatro). Pero nada de subtítulos, ¿eh? Y no, no es que sea una chula y diga que lo veo sin subtítulos porque mi super english-pitinglish es genial. Que no. Es que soy tan vaga que prefiero ver el capítulo parándolo cada dos por tres, que perder el tiempo buscando subtítulos…
C’est la vie, y ahora ya no voy a cambiar.







